No hay “real”. Todo es representación.

Simeón Saiz Civiles croatas asesinados por un comando bosnio, 1997

Este cuadro de Simeón Saiz, esta pintura, representa una imagen procedente de otro medio de representación. La imagen que sirve de modelo al cuadro se ha extraído de alguna noticia, de algún reportaje emitido por una cadena de televisión. Según informa el título de la obra, lo que se muestra en el vídeo, y por tanto, también en la pintura, es un grupo de civiles croatas asesinados por un comando bosnio.

Representación de la representación, copia pintada de un videograma, un fragmento de vídeo que muestra el interior de una morgue, en cuyo suelo yacen desordenados unos cadáveres completamente cubiertos, embozados en sábanas o mantas, formando una especie de fardos. ¿Por qué se cubren los cadáveres? Sospecho que para protegernos de su amenaza implícita [1], de su infame recordatorio. Pues la muerte, que es unidimensional, que es sólo un punto en la línea continua de la vida, es justamente en el cadáver donde toma cuerpo, es precisamente en el cadáver donde “se hace objeto” (Ibíd.). El cadáver no es otra cosa que la muerte en objeto, algo así como una escultura, una obra de arte a la fuerza (“The first corpse was the first statue” escribe el artista Mike Kelley [2]).

Todo es representación, todo son interposiciones frente a lo real en esta serie concatenada de hechos y registros de los hechos, que finaliza en el cuadro de Simeón Saiz. Los socorridos cobertores, lienzos empleados atropelladamente para cubrir y trasladar los cuerpos al depósito, protegiendo a los muertos del escrutinio público y a nosotros de su perturbadora contemplación. El original registro videográfico de estos bultos siniestros, que nos da noticia, que nos informa de los extremos de la violencia, de las cotidianas consecuencias de una ignominiosa guerra, pero marcando siempre una distancia. Pues todo es lejanía, todo es telescópico en el vídeo. Y finalmente, la pintura, el cuadro, que recoge y amplifica todas estas pérdidas, todos estos déficits de la representación, mediante el recurso de trasladar un videograma, una imagen de resolución más bien escasa, a un lienzo de gran tamaño.

Paradoja de la representación consistente en que la cosa “para hacerse conocer debe ausentarse de lo que la representa” [3]. Discurso del arte: la pretensión irredenta de aproximarse a lo real, tropezando siempre con el hecho de que lo real o el mundo, “no tiene otra presencia que el cuadro que se erige de él” (Ibíd.).

 

Comentario a una obra de Simeón Saiz de la exposición “El arte y el sistema (del arte). Colección Artium”.

[1] “el más repugnante de los deshechos […] el colmo de la abyección […] la muerte infestando la vida”. 1980. Kristeva, Julia. Poderes de la perversión. Ensayo sobre Louis-Ferdinand Céline. Siglo XXI editores. México DF, 1988. Págs.: 10-11.

[2] 1993. Playing With Dead Things, essay from The Uncanny. Catálogo de la exposición “Lo siniestro” en Sonsbeeck93, Arnhem, Holanda.

[3] 1998. Eunadeau, Corinne. La paradoja de la representación. Paidós, Buenos Aires, 1999. Págs.: 27, 32.

Autor: Rubén Díaz de Corcuera

Rubén Díaz de Corcuera. Semiótico y artista. Doctor en Bellas Artes por la UPV-EHU (2016). Diplomado en estudios avanzados de semiología de la imagen artística (2007). Técnico en Infografía e Imagen Numérica por el Centro de Imagen y Nuevas Tecnologías de Vitoria (1993/1994). Máster en periodismo por el diario El Correo y la Universidad del País Vasco (1991). Licenciado en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco (1982/1987).

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